Temas-Competencias Digitales
lunes, 20 de octubre de 2014
Entrevista a John Connolly sobre el mal
La
tensión en manos de John Connolly (Dublín, 1968) es un arte, el arte de
obligarte a seguir pese a la inquietud pero sin llegar a asfixiarte. En su
última novela, La ira de los ángeles (Tusquets), nueva entrega de la saga
policiaca protagonizada por Charlie Parker, el manejo de nuestras emociones es
brutal.
Crea
el autor de Malvados y la serie de novelas policiacas protagonizadas por Parker
imágenes que hacen que nos giremos en el pasillo por si acaso esa extraña mujer
del bosque de La ira de los ángeles está detrás de nosotros. Novela negra llena
de elementos sobrenaturales que hoy ya no suscitan críticas por parte de los
defensores del género en su estado más puro. Esa pureza es hace ya tiempo
mestizaje.
¿Pasa usted miedo cuando escribe? Porque
hay escenas...
No me asusto con casi nada. Parte de lo que me divierte es
asustar al lector. Sin llevarlos al horror extremo. Lo que a veces sí me pasa
es que me sorprenden mis propios personajes. Y ocasionalmente sí es verdad que
me cuesta narrar algunas cosas.
¿Por ejemplo?
En mis obras sale bastante el cáncer. Y eso me cuesta. Sé
que es porque mi padre murió de cáncer y siento miedo de que el cuerpo se alíe contra
sí mismo, que es lo que pasa cuando tienes cáncer. Otra cosa que me marcó y me influye es algo
que me pasó de niño.
¿No me irá a decir que lo abandonaron?
No, pero sentí eso. De pequeño llegué a mi casa y mi casa
no estaba. Tenía cinco años y me senté en el bordillo angustiado: mi casa no
estaba. Una vecina me vio y vino, y me dijo: pero si es tu casa, lo que pasa es
que la han pintado. Era de otro color y por eso no la reconocía. Aquella
sensación de miedo a que me hubieran abandonado está en mis libros.
Dicen que todos los miedos se crean en la
infancia...
Sí. Y cada adulto tiene el niño que fue y que sigue
esperando al adulto en que se va a convertir. Vuelvo a la infancia y a la
adolescencia por ello. Un niño que ha sido infeliz suele ser un adulto infeliz.
¿Suele o es imposible cambiarlo?
Bueno, la verdad es que no conozco a tantos adultos
contentos. Conformarse está bien cuando vas siendo mayor porque te enfadas menos,
pero los jóvenes no deben contentarse porque si lo hacen no lograrán nada.
¿Por eso empezó usted a escribir?, ¿porque
no se contentaba siendo periodista?
Sí, no me gustaba el periodismo. Hay gente hecha para ello
y luego hay otra que se mete en el periodismo para poder escribir. Yo era de
ésos.
Y al final si eres de estos últimos acaba
siendo frustrante...
Me frustré. Mi primer libro salió de esa frustración. Nunca
habría escrito un libro si me hubiera contentado con mi trabajo como
periodista.
¿Sería entonces hoy periodista?
Creo que sí, y además es más interesante que ser contable.
Pero si te acostumbras a escribir siempre 500 o mil palabras año tras año al
final es difícil poder escribir una novela.
¿Puede leer sus libros una vez se han
publicado?
Imposible, porque sólo veo errores. Lo que me gusta es cuando ya tengo el primer
borrador, escribo sin planificar, y entonces empiezo a reescribir. No hay
escritores maravillosos, hay muy buenos reescritores.
Sólo ve errores, pero es que ¿alguna obra
de arte no los tiene?
Todo arte tiene una imperfección. Si escribieras el libro
perfecto, ¿volverías a escribir? Yo creo en eso de: falla otra vez y falla
mejor. Y eso es lo que hacemos todos: fracasar mejor. Conoces los errores que
cometes y esos ya no los repites, cometes otros, pero no los mismos.
¿Una venganza de la vida en la que
repetimos tanto los errores?
Sí, la definición de la locura es hacer cada vez lo mismo
esperando un resultado distinto.
Usted que tanto ha escrito sobre el mal,
¿ha conseguido saber cuál es su verdadera naturaleza?
Todos tenemos un yo secreto lleno de vergüenza, culpa,
remordimientos, dolor y cosas oscuras. La mayoría de la gente no es mala, pero
es egoísta y del egoísmo nace el mal.
¿Y de la envidia?
No, del egoísmo. Pero el mal tiene una gradación: se van
dando muchos pequeños y de repente te encuentas en una situación terrible. A
los neurocientíficos les interesan los prisioneros de crímenes violentos y
horribles, y han comprobado que sus cerebros están conectados de manera
distinta. Lo que preguntan los libros sobre estos actos horribles,
inexplicables, es si hay algo fuera que los provoca. ¿Hay un ser del mal que lo
genera y mueve?
Fuente originaria: http://www.20minutos.es/noticia/2163580/0/entrevista/john-connolly/la-ira-de-los-angeles/
martes, 7 de octubre de 2014
Nobel de Física por bombillas de LED.
Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura
reciben este año el máximo galardón mundial de física, el Premio Nobel, por un
trabajo que disparó una revolución en la tecnología de la luz: la “invención de
los diodos emisores de luz azul eficientes que han permitido las fuentes de luz
brillantes y de ahorro energético”, según ha destacado el comité de la Real
Academia sueca de ciencias. En otras palabras, Akasaki y sus colegas abrieron
la puerta a las bombillas LED de luz blanca y larga duración. “Con las bombillas
LED tenemos ahora alternativas más duraderas y más eficientes a las viejas
fuentes de luz”, destaca la academia sueca.
Akasaki, Amano (ambos de la Universidad de Nagoya, en
Japón) y Nakamura (en la Universidad de California en Santa Cruz) lograron crear haces
de luz azul con semiconductores a principios de los años noventa. Los diodos
rojos y verdes existían desde hacía tiempo, pero hacía falta el tercer color,
el azul, para lograr esa suma de los tres que produce el blanco, ha explicado Staefan
Normark, secretario permanente de la Academia Sueca al anunciar en Estocolmo, a
las 11.45 de la mañana, el Premio Nobel de Física 2014. Pese a los esfuerzos de
la industria y de los científicos, el LED azul se había resistido durante 30
años.
Los tres investigadores premiados triunfaron
donde todos habían fracasado hasta entonces. “Akasaki trabajaba con Amano en la
Universidad de Nagoya y Nakamura estaba entonces empleado en Nichia Chemicals,
una pequeña empresa de Tokushima, Nichia”, continúa la Real Academia Sueca de
Ciencias. “Su invento fue revolucionario. Las bombillas de luz incandescente
iluminaron el siglo XX; el siglo XXI será el de las bombillas LED”.
"Siempre le recomiendo a los jóvenes
científicos que no centren sus trabajos en lo que está de moda, que investiguen
sobre lo que creen, aunque no consigan resultados inmediatos", explicó
Akasaki durante una rueda de prensa en Nagoya minutos después de producirse el
anuncio del premio que describió como “el mayor de los honores”, informa Europa
Press.
Los 880.000 euros de dotación del Nobel se
distribuyen a partes iguales entre los tres galardonados. Akasaki y Amano,
ambos japoneses, nacieron en 1929 y 1960, respectivamente. Nakamura, 1954,
tiene nacionalidad estadounidense.
Las luces LED, recalcan los científicos de la
academia sueca, dado su bajísimo consumo, pueden funcionar alimentadas por
paneles solares baratos, lo que abre la posibilidad de una mejora de la calidad
de vida para 1.500 millones de personas en el mundo que no tienen acceso a la
red eléctrica. Este año, el galardón de Física se ajusta fielmente, al menos en
parte, al legado de Alfred Nobel, que establece que se dediquen los fondos a
“premios para aquellos que, durante el año precedente, hayan generado un gran
beneficio para la humanidad”. Lo del “año precedente” no se cumple casi nunca.
Página: http://elpais.com/elpais/2014/10/07/ciencia/1412676307_341462.html
sábado, 4 de octubre de 2014
Los desertores de Corea del Norte.
Escapar
de Corea del Norte es una odisea que requiere dinero, paciencia y suerte.
Impensable cruzar directamente a Corea del Sur. La línea que divide la
península coreana en dos —la denominada Zona Desmilitarizada— es la última
frontera de la Guerra Fría, la más vigilada del mundo. Los desertores solo
pueden huir a China y confiar en no ser descubiertos por las autoridades. Si el
destino final es Corea del Sur, es imprescindible dar un inmenso rodeo por
Tailandia o Mongolia, países que facilitan el salto. En el aeropuerto de Seúl
empieza el segundo capítulo de una odisea que equivale a viajar en el tiempo:
pasar de un Estado
totalitario anclado en los cincuenta con una renta per cápita
de 800 dólares (640 euros) a unapotencia
mundial de la electrónica y la innovación, donde la renta per
cápita supera los 26.000 dólares (20.800 euros).
La
primera parada en territorio surcoreano para los refugiados es un centro de los
servicios de inteligencia. Allí son interrogados durante semanas hasta
asegurarse de que no son espías. Los desertores ingresan entonces en Hanawon,
un centro gubernamental donde durante 12 semanas los preparan para adaptarse a
su nueva vida. Y eso implica un aprendizaje de lo más diverso. Incluye clases de
oficios como cocinera, costurera, secretaria, florista, camarero, mecánico de
coches o soldador; aprender a usar un ordenador, una tarjeta de crédito (en
Seúl cada vez es más raro pagar en efectivo), descubrir el vocabulario que los
coreanos del Sur han incorporado desde la partición de la península o sacarse
el carné de conducir.
La
adaptación requiere otros conocimientos que implican una reeducación en toda
regla. Resetearse. Borrar lo aprendido desde la niñez. Incluye estudiar
historia —un relato que nada tiene que ver con la propaganda
que los refugiados mamaron desde la infancia, que culpa a
Estados Unidos y a “los títeres de Corea del Sur” de todos sus males—, aprender
cómo funcionan una democracia liberal y la economía de mercado, qué implican
las leyes o en qué consisten los derechos humanos. Entre clase y clase, los
visitan dentistas y médicos.
Miles
de desertores han hecho este curso acelerado para adaptarse al siglo XXI.
Aunque el Estado les da vivienda, ayuda laboral y económica durante cinco años,
integrarse es un desafío descomunal. Desde 1999 hasta la semana pasada habían
llegado a Corea del Sur 27.132 desertores (el 76% mujeres, el 84% de tres
provincias del noreste fronterizas con China). La surcoreana es una sociedad de
50 millones de habitantes (el doble que su vecino norteño) que en seis décadas
ha prosperado de manera inimaginable. Pero el desarrollo económico ha
conllevado una cultura de competencia feroz en la que los niños van a clases
particulares hasta casi medianoche, y en la que difícilmente hay espacio para
quien creció en una dictadura donde empleo, vivienda y los alimentos básicos
están garantizados (en teoría).
Pero
la mayoría de los desertores no huye del represivo sistema basado en el control
de la información y los castigos colectivos. Son amas de casa y campesinos que
cruzan a China escapando de la miseria. Muchos ni se planteaban desertar,
cruzaban a China para hacer dinero —la corrupción ha abierto fisuras en la
frontera— pero una cosa les llevó a otra, y un día aterrizaron en Seúl.
Los
desertores norcoreanos son una fuente clave para reconstruir las
atrocidades perpetradas por el régimen. “Las primeras preguntas
son del tipo ‘¿Has visto alguna producción visual hecha fuera del país?,
¿Conoces a alguien que fuese enviado a un campo de prisioneros?, ¿A alguien que
haya desaparecido de repente?, ¿Conoces el concepto de derechos humanos?”,
detalla la investigadora Jeanne Kim. Con los testimonios, ella y sus colegas
construyen la base de datos del Centro para los Derechos Humanos en Corea del Norte. Sus
informes son un relato de los peores espantos, ocurridos a menudo años antes de
la huida.
Intentar
huir al sur o ayudar a otros a hacerlo está duramente castigado. El sargento
Kim Hyul-chun, de 23 años, fue fusilado por aceptar un soborno de ocho mujeres
que pretendían cruzar a China. Lo ataron a un poste en el patio de un cuartel
de la ciudad norteña de Dokso-ri. Era el 9 de febrero de 2009. “Ya estaba medio
muerto cuando lo subieron al patíbulo”, explicó a la ONG un testigo que pidió
el anonimato por seguridad personal. “Había diez soldados, cada uno le disparó
diez balas. Dijeron que había que fusilarlo ante los soldados para que sirviera
de ejemplo”, relató en 2012.
Articulo original: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/03/actualidad/1412364802_055652.html
martes, 30 de septiembre de 2014
Las rutinas diarias de escritores famosos.
Un artículo demasiado bueno en el aspecto de indagar en las rutinas de los próximos escritores.
Algunos, sumamente normales, otros que son exagerados y pocos que caen en lo absurdo. Sin embargo, ese es el camino que se han forjado como escritores.
Sinceramente espero que algún día yo igual tenga una manera y un horario en cómo y de que manera escribir. Sin embargo, por ahora, no tengo problema.
Está uno de mis escritores favoritos, Haruki Murakami, el cual se me hace admirable pero también cayendo un poco en lo enfermo, en lo realista.....pero eso me fascina.
Disfrútenlo....
jueves, 18 de septiembre de 2014
Abril bailando.......
ABRIL BAILANDO
Abril era una chica estupenda. La conocí a mediados
del caluroso verano al igual que conocí a su fascinante cuerpo. La arena
quemaba pero no importaba al ver aquellos cuerpos femeninos sudar. Si hubiera
podido, habría contado gota a gota de sudor que se resbalaba por sus cuerpos.
Las espaldas se bronceaban y los pechos, a pesar de pequeños, brincaban como
una pelota de ping-pong. Excepto las de Abril. Ella era una chica tranquila,
únicamente se encontraba sentada en el tapete de playa, bajo la sombra de la sombrilla,
cubriéndose constantemente de bloqueador a pesar de que el sol no la tocaba. Y
estaba de acuerdo; ni Ra ni Helios ni Amateratsu o cualquier dios solar,
tendría que tocar aquel cuerpo blanco, casi pálido, pero ese era parte de su
atractivo. Su cabellera larga castaña cubrían los listones que sujetaban su
bikini y por ende, a sus considerables pechos, aunque por suerte, aún se
lograba mirar su cintura pequeña y muy bien definida; al imaginarme que ahí
pudiera estar un tatuaje, de mariposa tal vez, provocaba mis pequeñas
excitaciones.
Tuve suerte de encontrarla en la cafetería del Hotel
antes de ir a mi habitación. Su formidable trasero era perfecto para sus
carnosas y anchas piernas. No dudaba que hiciera ejercicio, pero al ver sus
rasgos un poco débiles, creería que nunca hubiera corrido en el parque ni en un
gimnasio. Me acerqué a ella y la saludé, Abril me contestó con una sonrisa tan
perfecta de mueca a mueca. Mientras nos sentábamos con nuestros respectivos
cafés, me imaginé una noche fría pero con una luna menguante brillante, como si
esta al igual me saludara con su luz plateada. Al parecer Abril me conocía muy
bien, había escuchado de mí por parte de sus amigas. Ella no se limitó de
hablar, mi papel en esa noche fue mayormente de oyente. Nunca pensé que hablara
bastante, sin embargo, no me aburrió en lo absoluto. Hacía muecas, ademanes, y
sonreía cada vez que hacía eso. Lo más encantador de ella era cuando acomodaba
sus lentes que se le resbalan por su respingada y pequeña nariz. Cuando me
hablaba no podía dejar de mirar sus ojos; aquellos lentes de armazón negro al
parecer hacían resaltar sus ojos cafés claros, y sabía porque motivo: No le
gustaba que miraran sus apenas visibles pecas. Cuando me percate de esto, no
pude (esta vez yo) de sonreír con malicia y con deseo. Al observarla
detalladamente, imaginaba que era una chica inocente y quizás pura pero mi
madre me había ensañado que ninguna mujer después de la universidad era tal
cosa. “No hay mujer pura ni santa. Todas son el diablo cuando quieren” me
decía. Yo le creía pero al ver a Abril, hacía que los ángeles existieran.
Nos despedimos y nos deseamos buenas noches. Yo
llegué corriendo a mi habitación. No podía soportarlo más.
Me encantaba el olor a la cera derretida fresca.
Después de un baño apresurado, salí con sólo las pantuflas. Sin secarme el pelo
ni ponerme una toalla siquiera, me lancé al centro de la cama, donde era el
único lugar donde podían iluminar las pequeñas velas. La pequeña brisa que
entraba de la minúscula ranura de la ventana era ideal para no apagar las velas
y para sentir pequeños cortes en mi desnudo y empapado cuerpo.
Pensé en Abril. Imaginé a Abril bailando en una
oscuridad llena de luces de neón parpadeantes. Vestida con unos vaqueros
exageradamente ajustados que resaltaban aún más su trasero. Con una camisa de
cuadros color anaranjado y de acompañamiento, con una cola de caballo en su cabellera. La
imaginaba danzando de alguna manera a la par con la música de las estrepitosas
bocinas y yo, siguiéndole la calentura de sus pasos y de sus movimientos
rápidos. Sostenía con mis manos su cintura que poco a poco bajaban más. Nos
acercábamos al punto de tocar nuestros pechos y mirar los brillosos que se
encontraban nuestros cuellos. Sentía su respiración, olía su aliento de alcohol
y de profundidad. Imaginaba mis roces de las yemas de mis dedos desabrochándole
botón a botón de su camisa. Imaginaba el latir de nuestros corazones al dejar
la pista de baile y meternos en el milagroso baño extendido. Nos quitábamos
torpemente las camisas y yo sin cuidado, le empezaba a masajear sus pechos
blancos y perfectamente redondos. Besaba cada parte, cada organismo de piel que
rodeaba y cubría esos pechos pálidos. Y al final, como si un astronauta pudiera
tener un helado de chocolate en la luna, chupaba sus ambos pezones; primero con
mis labios y después con la punta de mi lengua. Apasionado pero tranquilamente.
Imaginaba sus lentos gemidos express. Erectos sus pezones como si fueran
antenas que enviaban señales a mi pene para que se pusiera erecto, este
contestaba la señal. Bajaba rápido al ombligo de Abril para besarlo un poco y
después dirigirme a sus pequeños labios ya mordidos por sus derechos dientes.
La besaba, nuestras lenguas se tocaban y bailaban como nosotros en la pista. De
reojo, la saliva salía como un hilo verde por las luces de los leds. Abril se
agachaba. Yo imaginaba agarrándola de la cola de caballo y dirigiéndola hacia
mi pene. Primero lo acariciaba, desde los testículos hasta la glande, tocando
la punta de mi pene, como si mandara mensajes por un telégrafo. Después con su
pequeña lengua lamería la parte baja de mi pene erecto y lleno de sangre.
Imaginaba las pulsaciones de mi pene, la humedad de su boca y la viscosidad de
su saliva que cubría todo por su lengua roja. Sus uñas y sus manos acariciaban
mi abdomen y después mi trasero. Yo solo miraba abajo y sostenía más fuerte su
cola de caballo; miraría su espalda
descubierta con un poco de lunares debajo de su cuello y miraría de reojo los
danzantes pechos al ritmo de la entrada y salida apasionadamente de su boca a
mi pene. Y después de un rato, de mirar sus lentes algo empañados; alejaría un
poco su rostro con sus pómulos de su cara enrojecidos y apuntaría mi pene, como
un cañón listo para abrir fuego, a sus ojos. Imaginándome eyaculándole en su
rostro, me rompía. No me interesaba llenarle de semen su boca, su cabellera o
sus pechos. Mi semen como proyectil cubriría sus lentes, sus gafas. El deseo de
sentir que Abril viera por el resto de su vida una visión llena de semen, me
excitaba, llegaba al orgasmo.
Las velas habían consumido su mitad de cera. La cama
que ahora solo eran sabanas, estaban cálidas y llenas de sudor y agua. Mi
respiración estaba algo agitada y las comisuras de mi boca se encontraban algo
resecos. Miraba el negro que opacaba la noche a través de mi ventana y la brisa
seguía rosando cada parte de mi cuerpo; mis brazos, mi frente, mis piernas, mis
pechos con sus pezones erectos y mi vagina húmeda por la excitación, por aquel
jugoso orgasmo.
Empezando la preparatoria, siempre quise tener un
pene. Y no, no porque quisiera ser un hombre o por otro complejo, sino por el
simple hecho de tener uno y más por el enfoque de hacer el amor. Todas las mujeres
siempre pensamos alguna vez que sería tener un pene, sin embargo en mi caso, yo
quería sentir como sería tener uno erecto casi listo para soltar el salado
líquido. Había comprado un dildo, y había compartido uno con una amiga al mismo
tiempo, pero ninguna vez sentí nada de excitación o calentura. Era bisexual,
sin embargo, me volvían locas las mujeres. Sentía más compasión y comprendía
mucho mejor sus deseos, y más que nada, al imaginarme penetrando a cualquier
chica con algo de mí mismo cuerpo, como su fuera otro brazo u otra nariz,
siento yo, que es más conexión y placer que siente un hombre que una mujer.
Con Abril, con aquella Abril bailando había sentido
el mejor orgasmo de mi vida. Mis pequeños y flacos dedos no eran lo suficiente
para complacerme a mí misma, o por lo menos nunca al principio. Todo empezaba
con mi cabeza, con mi mente, con mi imaginación. Imaginándome con un pene
“femenino” siendo acariciado y después lamido, era más que suficiente para
llevarme lejos. Con el simple hecho de soltar semen en el rostro de chicas
jóvenes y más que nada, pareciendo puras e inocentes viéndome con anteojos, era lo mejor que yo
pudiera imaginar. Sentía que mi masturbación empezaba primero acariciándome los
pechos, mordiendo mis dedos y mis uñas y después como si en verdad tuviera uno,
empezaba a jalar el prepucio de mi pene imaginario, y después como cualquier chica,
ya llegando al punto, mi dedos se metían a mi vagina húmeda y mojada. Rodeando
por complejo mis labios mayores y menores.
Así era con cualquier chica, así fue con Abril. Mi
imaginación era lo mejor que tenía para imaginarme situaciones para mi deleitante
y placentera masturbación. Hasta hoy en día, la chica literaria Abril la sigo observando,
y mi deseo de violarla algún día y mejor en su graduación, aún con este normal
cuerpo femenino, es fuerte y lascivo. No sé, Abril es una chica especial,
quizás, hasta rara.
Javier Lux -Luz y Caos-
Interesantes hechos acerca del Viaje de Chihiro
Proveniente de la página en inglés 9gag, nos proporciona información no nueva pero si desapercibida de la obra maestra de Hayao Miyazaki.
Es obvio, ya que algunos y sí, en su mayoría, desconocemos tanto la cultura como el mismo idioma japones(a). Sin embargo, creo yo, que esto sinceramente sólo era para los propios nipones. Detalles que a pesar de ser en cierta manera minúsculos, son sumamente importantes aún para los mismos hijos del sol naciente. Raíces son raíces que nosotros podremos ser parte de la misma tierra pero no de la misma hierba.
Aquí también les dejo un vídeo, un análisis impresionante de la película. Todo tiene un significado, absolutamente todo. Espero que lo disfruten.
Los gatos en las ventanas.
Algunos gatos les gusta mirar a la gente pasear. Ver como caminan en el pavimento o en la acera agrietada. Descifrar porque los más pequeños van agarrados de las manos de los más grandes. Les interesan saber porque se detienen cada vez que ven algo grande en una ventana, algo escrito en algunas lonas. Quieren saber por qué ríen sin necesidad algunas.
Mientras que otros gatos, únicamente les encanta dormir. Sentir el calor que desprende el vidrio y de la tela de las cortinas de las ventanas. Así es la manera en cómo logran soñar. Soñar en lo imposible, como cuando sus colas se mueven como péndulo cuando están felices. Eso si es para morirse. Ayuda también las voces de las personas y los pasos que suenan de su calzado. Eso, arrulla a los gatos.
Las batallas en el desierto
Fue
una lectura agradable. Un viernes en la tarde, un cielo ni nublado ni soleado,
con un buen clima para caminar por las calles de la pequeña ciudad y perder el
tiempo paso a paso. Tenía tiempo de sobra, un par de horas para hacer lo que
quisiera antes de ir a un concierto de lo más gratificante. Entonces, decidí
leer. Tal vez con las características anteriores mencionadas, lo mejor habría
sido estar con algunos amigos y convivir, sin embargo, en esos momentos, en
esas horas de aquel día viernes, me abordó un sentimiento de estar en soledad.
No me considero apático o nada sociable, pero son esos instantes que necesitas
estar sólo un buen rato. No para pensar en cosas o reflexionar o encontrarse
con su yo interior, nada de eso o por lo menos no en mi caso. Únicamente quería
estar con mi sombra nada más. Me senté en una banca de un parque cerca del río
de la pequeña ciudad; estaba tranquilo y no había demasiados transeúntes para
estar distrayéndome. El libro lo había pedido prestado de la biblioteca de la
universidad, leí la sinopsis (siempre lo hago, a pesar de ya haberlo leído varias
veces), miré la portada. La contemplé un minuto exacto, y comencé con las
primeras letras de la oración inicial de la novela corta.
En momentos no podía evitar sonreír
y hasta reír un poco bajo de volumen, todo era divertido. La prosa era dinámica
y directa. Sucesos tras sucesos pasaban tan rápido que las páginas cambiaban de
lado hasta esconderla por la otra ya terminada también. Hubo un momento que
detuve la lectura, en el instante donde menciona a la madre del amigo. Cerré
entrecortadamente el libro para mirar la portada de colores oscuros y con un
degradado peculiar de aquellas décadas pasadas. La mujer dibujada, la mujer ficticia
que se encuentra sentada es realmente bella. Realmente perversa. Con las
piernas cruzadas, con un vestido corto y sus manos tocando su delgada cintura,
provoca que las fantasías vuelvan y se revoloteen en tu mente. Logré concebirla
en un plano real, al punto de estar sentada a mi lado de la banca. Digna mujer
de ganarse el corazón de un niño honesto, puro e inocente, pues ¿Qué mujer es
merecedora de tal privilegio de una verdadera naturaleza? Ya nadie, ya nadie.
A pesar de no ser posible, aquella
mujer, aquella madre, quiere sonreír. Esos labios negros desean formar una luna
menguante de carne y saliva, de lápiz labial. Por eso digo, que esa mujer es
traviesa, denota perversión. Sí querían llamar la atención con esa portada para
vender el libro, digo que lo han logrado. El título de la novela corta: Las
Batallas en el desierto, sólo es mencionado una vez en todo el relato y la
historia, y de una manera fugaz casi sin importancia. Es más, cuando alguien
pregunta sí has leído el libro, ya sea la respuesta positiva o negativa, no
imaginas un desierto ni mucho menos una batallas. Posiblemente en un patio
arenoso de una primaria o secundaria. Sin embargo, lo primero que llega a la
mente, es la enigmática mujer sentada con sus ojos censurados. Realmente
sorpresivo.
Acabé la pequeña obra maestra en unas dos horas u
hora y media. Cerré los ojos unos instantes y sonreí por la desgracia ficticia,
por la infelicidad irreal de unas páginas ya amarillentas y letras pequeñas y
negras. El cielo se había nublado ya en su totalidad y decidí fumar un pequeño
cigarro mientras miraba a las parejas sentadas en todo el ancho del parque.
El final es melancólico. Triste en
cierta manera. Decepcionante de otra forma. Sin embargo, conmovedor y excelente
son las palabras exactas y correctas. A pesar de ser la opinión de un simple
lector y amateur de la literatura, me encantó la forma en como el título sirve
de dos cosas: aparte de ser una batalla imaginaria en el patio trasero de una
escuela. Las batallas en el desierto, se presenta como la vida amorosa del
niño. Lleno de calor sentimental, de una extensión prolongada, con ilusiones de
un corazón enamorado. Sin recursos para ganarla. Quedándote solo, blanco,
áspero y diluido como la arena. Un libro el cual no puede ser explicado porque
sobran las palabras innecesarias, mejor, es leerla en una tarde, en una noche,
sin prisas ni caminos. Para disfrutar de un amor imposible, incompresible,
doloroso y magnífico.
(Autor que no conozco...viñeta encantadora)
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