Temas-Competencias Digitales

jueves, 6 de noviembre de 2014

De booktubers y caldos de gallina

Imaginemos a un hombre al que le gustan mucho los gallos y las gallinas. Pero mucho. Le gustan tanto que ha dedicado años al estudio de su taxonomía, su canto, los secretos de su domesticación y su desarrollo evolutivo desde sus ancestros prehistóricos. Ha publicado, entre otras obras del tipo, Gallus: de Egipto a nuestros días y ¿Quiquiriqué? Historia multilingüe de una onomatopeya. Es celebrado en todo el mundo por otros ocho expertos en el tema ―aunque no tan duchos como él―, y hasta el gobierno de Francia, que lleva por emblema su objeto de estudio, lo ha condecorado con la Orden de las Palmas Académicas. Ahora imaginemos a otro hombre, éste un estudiante de ingeniería civil, que pone una cámara en su recámara y graba un video para sus seguidores en YouTube sobre el puesto de caldos de gallina que está junto a la clínica del IMSS en la avenida Lomas Verdes y que acaba de reclamarlo como su nuevo y vehemente adepto.



Ahora respondamos: ¿a cuál de los dos le gusta más la gallina? ¿Quién tiene más derecho a hablar de ella?
Por último, sustituyamos al hipotético gallinólogo por un crítico literario forjado en la academia, al ingeniero por un booktuber que enumera las “Cinco razones por las que debes leer El psicoanalista”, y a la gallina por la literatura. ¿Qué respondemos?

Lo cierto es que se trata de preguntas tramposas. Pero la discusión es real, según se lee en algunas famosas publicaciones, y arroja falsas dicotomías sobre las que se ha escupido mucha tinta: la alta literatura y la que debe mirarse por encima del hombro, la alta crítica y la reseñitis, bla y bla.
Ayer, preparando esta entrada, veía el video en el que una chica recomienda Los miserables, de Víctor Hugo; la misma chica que, en otro video, comenta Bajo la misma estrella de John Green. Hay a quien, como en el vínculo anterior, le parece poco menos que apocalíptico que la crítica literaria se vea reducida a la ligereza de una recomendación videobloguera.

Uno debe estar verdaderamente confundido en su concepto de crítica para asumir que el grueso de los booktubers la ejerce e indignarse porque la ejerce mal. Dejando fuera la irresistible idea romántica de que todo lector es un crítico y toda crítica una lectura, asumamos que hay un grupo de gente que se dedica a ello de forma profesional, lo que eso signifique. Tienen años de refinada pasión monotemática y un bagaje de lecturas correctas para hacerle la autopsia a un libro, y se han ganado el aplauso de sus colegas. Sus especímenes más fanatizados ―y por ello más enternecedores pero también más peligrosos― se creen dueños de la potestad de repartir cánones y dictaminar sobre el placer de la lectura ajena. Pero entre los sensatos, loas aparte, su trabajo interpretativo se agradece cuando es honesto y esclarecedor.
La mayoría de los booktubers carecen de esa formación y no aspiran a tenerla. Hay que ser muy idiota, al menos en este momento de la Historia, para creer que sus recomendaciones buscan colonizar ese limbo oscilante entre la especialización legítima y el elitismo imbécil que llamamos crítica literaria. Vuelvo a mi ejemplo: contaminado como está uno de aprendizajes tomados demasiado en serio, es fácil juzgar a la chica que defendía Los miserables por su conmovedora pobreza léxica y su absoluta ignorancia del contexto francorrevolucionario, ya no digamos la obscenidad de codear a Victor Hugo con John Green. Pero si uno es más listo y se pone en el lugar del lector no especializado, el que ―oh, ambrosía a la que muchos le han perdido el sabor― lee por puro placer, nos encontramos con que quizá esta chica le ha reclutado más incautos al romanticismo francés que la SEP. Yo mismo me encontré sonriendo ante la posibilidad de redescubrir las peripecias de Jean Valjean, no convencido de una lista de bondades extraídas con bisturí sino contagiado de un entusiasmo primitivo y liberador.

No se puede culpar al internet de la podredumbre en la academia. Imaginemos a Gabriel Zaid (inventémosle una cara si nunca lo hemos visto) grabando uno de esos videos en la sala de su casa. Les juro que no va a reseñar Juego de tronos (aunque nada de malo tendría). Ahora imaginemos a cualquier tesista de letras inglesas buscando fuentes de referencia. Les juro (aunque no faltará el revolucionario) que no va a citar el canal en YouTube de YonquiDeLasLetras. Nadie puede negarnos el derecho a la especialización por lo que nos apasiona, pero tampoco el derecho a que alguien, quien sea, nos recomiende un buen caldo de gallina nomás porque está bueno.

ARTICULO TOMADA DE: http://www.lahojadearena.com

lunes, 20 de octubre de 2014

Amanecer explotado....


Entrevista a John Connolly sobre el mal

La tensión en manos de John Connolly (Dublín, 1968) es un arte, el arte de obligarte a seguir pese a la inquietud pero sin llegar a asfixiarte. En su última novela, La ira de los ángeles (Tusquets), nueva entrega de la saga policiaca protagonizada por Charlie Parker, el manejo de nuestras emociones es brutal.

Crea el autor de Malvados y la serie de novelas policiacas protagonizadas por Parker imágenes que hacen que nos giremos en el pasillo por si acaso esa extraña mujer del bosque de La ira de los ángeles está detrás de nosotros. Novela negra llena de elementos sobrenaturales que hoy ya no suscitan críticas por parte de los defensores del género en su estado más puro. Esa pureza es hace ya tiempo mestizaje.


¿Pasa usted miedo cuando escribe? Porque hay escenas...
No me asusto con casi nada. Parte de lo que me divierte es asustar al lector. Sin llevarlos al horror extremo. Lo que a veces sí me pasa es que me sorprenden mis propios personajes. Y ocasionalmente sí es verdad que me cuesta narrar algunas cosas.
¿Por ejemplo?
En mis obras sale bastante el cáncer. Y eso me cuesta. Sé que es porque mi padre murió de cáncer y siento miedo de que el cuerpo se alíe contra sí mismo, que es lo que pasa cuando tienes cáncer.  Otra cosa que me marcó y me influye es algo que me pasó de niño.
¿No me irá a decir que lo abandonaron?
No, pero sentí eso. De pequeño llegué a mi casa y mi casa no estaba. Tenía cinco años y me senté en el bordillo angustiado: mi casa no estaba. Una vecina me vio y vino, y me dijo: pero si es tu casa, lo que pasa es que la han pintado. Era de otro color y por eso no la reconocía. Aquella sensación de miedo a que me hubieran abandonado está en mis libros.
Dicen que todos los miedos se crean en la infancia...
Sí. Y cada adulto tiene el niño que fue y que sigue esperando al adulto en que se va a convertir. Vuelvo a la infancia y a la adolescencia por ello. Un niño que ha sido infeliz suele ser un adulto infeliz.
¿Suele o es imposible cambiarlo?
Bueno, la verdad es que no conozco a tantos adultos contentos. Conformarse está bien cuando vas siendo mayor porque te enfadas menos, pero los jóvenes no deben contentarse porque si lo hacen no lograrán nada.
¿Por eso empezó usted a escribir?, ¿porque no se contentaba siendo periodista?
Sí, no me gustaba el periodismo. Hay gente hecha para ello y luego hay otra que se mete en el periodismo para poder escribir. Yo era de ésos.

Y al final si eres de estos últimos acaba siendo frustrante...
Me frustré. Mi primer libro salió de esa frustración. Nunca habría escrito un libro si me hubiera contentado con mi trabajo como periodista.
¿Sería entonces hoy periodista?
Creo que sí, y además es más interesante que ser contable. Pero si te acostumbras a escribir siempre 500 o mil palabras año tras año al final es difícil poder escribir una novela.
¿Puede leer sus libros una vez se han publicado?
Imposible, porque sólo veo errores.  Lo que me gusta es cuando ya tengo el primer borrador, escribo sin planificar, y entonces empiezo a reescribir. No hay escritores maravillosos, hay muy buenos reescritores.
Sólo ve errores, pero es que ¿alguna obra de arte no los tiene?
Todo arte tiene una imperfección. Si escribieras el libro perfecto, ¿volverías a escribir? Yo creo en eso de: falla otra vez y falla mejor. Y eso es lo que hacemos todos: fracasar mejor. Conoces los errores que cometes y esos ya no los repites, cometes otros, pero no los mismos.
¿Una venganza de la vida en la que repetimos tanto los errores?
Sí, la definición de la locura es hacer cada vez lo mismo esperando un resultado distinto.
Usted que tanto ha escrito sobre el mal, ¿ha conseguido saber cuál es su verdadera naturaleza?
Todos tenemos un yo secreto lleno de vergüenza, culpa, remordimientos, dolor y cosas oscuras. La mayoría de la gente no es mala, pero es egoísta y del egoísmo nace el mal.
¿Y de la envidia?
No, del egoísmo. Pero el mal tiene una gradación: se van dando muchos pequeños y de repente te encuentas en una situación terrible. A los neurocientíficos les interesan los prisioneros de crímenes violentos y horribles, y han comprobado que sus cerebros están conectados de manera distinta. Lo que preguntan los libros sobre estos actos horribles, inexplicables, es si hay algo fuera que los provoca. ¿Hay un ser del mal que lo genera y mueve?





Fuente originaria: http://www.20minutos.es/noticia/2163580/0/entrevista/john-connolly/la-ira-de-los-angeles/

martes, 7 de octubre de 2014

Nobel de Física por bombillas de LED.

Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura reciben este año el máximo galardón mundial de física, el Premio Nobel, por un trabajo que disparó una revolución en la tecnología de la luz: la “invención de los diodos emisores de luz azul eficientes que han permitido las fuentes de luz brillantes y de ahorro energético”, según ha destacado el comité de la Real Academia sueca de ciencias. En otras palabras, Akasaki y sus colegas abrieron la puerta a las bombillas LED de luz blanca y larga duración. “Con las bombillas LED tenemos ahora alternativas más duraderas y más eficientes a las viejas fuentes de luz”, destaca la academia sueca.
Akasaki, Amano (ambos de la Universidad de Nagoya, en Japón) y Nakamura (en la Universidad de California en Santa Cruz) lograron crear haces de luz azul con semiconductores a principios de los años noventa. Los diodos rojos y verdes existían desde hacía tiempo, pero hacía falta el tercer color, el azul, para lograr esa suma de los tres que produce el blanco, ha explicado Staefan Normark, secretario permanente de la Academia Sueca al anunciar en Estocolmo, a las 11.45 de la mañana, el Premio Nobel de Física 2014. Pese a los esfuerzos de la industria y de los científicos, el LED azul se había resistido durante 30 años.



Los tres investigadores premiados triunfaron donde todos habían fracasado hasta entonces. “Akasaki trabajaba con Amano en la Universidad de Nagoya y Nakamura estaba entonces empleado en Nichia Chemicals, una pequeña empresa de Tokushima, Nichia”, continúa la Real Academia Sueca de Ciencias. “Su invento fue revolucionario. Las bombillas de luz incandescente iluminaron el siglo XX; el siglo XXI será el de las bombillas LED”.
"Siempre le recomiendo a los jóvenes científicos que no centren sus trabajos en lo que está de moda, que investiguen sobre lo que creen, aunque no consigan resultados inmediatos", explicó Akasaki durante una rueda de prensa en Nagoya minutos después de producirse el anuncio del premio que describió como “el mayor de los honores”, informa Europa Press.
Los 880.000 euros de dotación del Nobel se distribuyen a partes iguales entre los tres galardonados. Akasaki y Amano, ambos japoneses, nacieron en 1929 y 1960, respectivamente. Nakamura, 1954, tiene nacionalidad estadounidense.


Las luces LED, recalcan los científicos de la academia sueca, dado su bajísimo consumo, pueden funcionar alimentadas por paneles solares baratos, lo que abre la posibilidad de una mejora de la calidad de vida para 1.500 millones de personas en el mundo que no tienen acceso a la red eléctrica. Este año, el galardón de Física se ajusta fielmente, al menos en parte, al legado de Alfred Nobel, que establece que se dediquen los fondos a “premios para aquellos que, durante el año precedente, hayan generado un gran beneficio para la humanidad”. Lo del “año precedente” no se cumple casi nunca.



Página: http://elpais.com/elpais/2014/10/07/ciencia/1412676307_341462.html

sábado, 4 de octubre de 2014

Los desertores de Corea del Norte.

Escapar de Corea del Norte es una odisea que requiere dinero, paciencia y suerte. Impensable cruzar directamente a Corea del Sur. La línea que divide la península coreana en dos —la denominada Zona Desmilitarizada— es la última frontera de la Guerra Fría, la más vigilada del mundo. Los desertores solo pueden huir a China y confiar en no ser descubiertos por las autoridades. Si el destino final es Corea del Sur, es imprescindible dar un inmenso rodeo por Tailandia o Mongolia, países que facilitan el salto. En el aeropuerto de Seúl empieza el segundo capítulo de una odisea que equivale a viajar en el tiempo: pasar de un Estado totalitario anclado en los cincuenta con una renta per cápita de 800 dólares (640 euros) a unapotencia mundial de la electrónica y la innovación, donde la renta per cápita supera los 26.000 dólares (20.800 euros).



La primera parada en territorio surcoreano para los refugiados es un centro de los servicios de inteligencia. Allí son interrogados durante semanas hasta asegurarse de que no son espías. Los desertores ingresan entonces en Hanawon, un centro gubernamental donde durante 12 semanas los preparan para adaptarse a su nueva vida. Y eso implica un aprendizaje de lo más diverso. Incluye clases de oficios como cocinera, costurera, secretaria, florista, camarero, mecánico de coches o soldador; aprender a usar un ordenador, una tarjeta de crédito (en Seúl cada vez es más raro pagar en efectivo), descubrir el vocabulario que los coreanos del Sur han incorporado desde la partición de la península o sacarse el carné de conducir.

La adaptación requiere otros conocimientos que implican una reeducación en toda regla. Resetearse. Borrar lo aprendido desde la niñez. Incluye estudiar historia —un relato que nada tiene que ver con la propaganda que los refugiados mamaron desde la infancia, que culpa a Estados Unidos y a “los títeres de Corea del Sur” de todos sus males—, aprender cómo funcionan una democracia liberal y la economía de mercado, qué implican las leyes o en qué consisten los derechos humanos. Entre clase y clase, los visitan dentistas y médicos.

Miles de desertores han hecho este curso acelerado para adaptarse al siglo XXI. Aunque el Estado les da vivienda, ayuda laboral y económica durante cinco años, integrarse es un desafío descomunal. Desde 1999 hasta la semana pasada habían llegado a Corea del Sur 27.132 desertores (el 76% mujeres, el 84% de tres provincias del noreste fronterizas con China). La surcoreana es una sociedad de 50 millones de habitantes (el doble que su vecino norteño) que en seis décadas ha prosperado de manera inimaginable. Pero el desarrollo económico ha conllevado una cultura de competencia feroz en la que los niños van a clases particulares hasta casi medianoche, y en la que difícilmente hay espacio para quien creció en una dictadura donde empleo, vivienda y los alimentos básicos están garantizados (en teoría).
Pero la mayoría de los desertores no huye del represivo sistema basado en el control de la información y los castigos colectivos. Son amas de casa y campesinos que cruzan a China escapando de la miseria. Muchos ni se planteaban desertar, cruzaban a China para hacer dinero —la corrupción ha abierto fisuras en la frontera— pero una cosa les llevó a otra, y un día aterrizaron en Seúl.
Los desertores norcoreanos son una fuente clave para reconstruir las atrocidades perpetradas por el régimen. “Las primeras preguntas son del tipo ‘¿Has visto alguna producción visual hecha fuera del país?, ¿Conoces a alguien que fuese enviado a un campo de prisioneros?, ¿A alguien que haya desaparecido de repente?, ¿Conoces el concepto de derechos humanos?”, detalla la investigadora Jeanne Kim. Con los testimonios, ella y sus colegas construyen la base de datos del Centro para los Derechos Humanos en Corea del NorteSus informes son un relato de los peores espantos, ocurridos a menudo años antes de la huida.


Intentar huir al sur o ayudar a otros a hacerlo está duramente castigado. El sargento Kim Hyul-chun, de 23 años, fue fusilado por aceptar un soborno de ocho mujeres que pretendían cruzar a China. Lo ataron a un poste en el patio de un cuartel de la ciudad norteña de Dokso-ri. Era el 9 de febrero de 2009. “Ya estaba medio muerto cuando lo subieron al patíbulo”, explicó a la ONG un testigo que pidió el anonimato por seguridad personal. “Había diez soldados, cada uno le disparó diez balas. Dijeron que había que fusilarlo ante los soldados para que sirviera de ejemplo”, relató en 2012.

Articulo original: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/03/actualidad/1412364802_055652.html

martes, 30 de septiembre de 2014

Las rutinas diarias de escritores famosos.

Un artículo demasiado bueno en el aspecto de indagar en las rutinas de los próximos escritores. 
Algunos, sumamente normales, otros que son exagerados y pocos que caen en lo absurdo. Sin embargo, ese es el camino que se han forjado como escritores. 
Sinceramente espero que algún día yo igual tenga una manera y un horario en cómo y de que manera escribir. Sin embargo, por ahora, no tengo problema. 

Está uno de mis escritores favoritos, Haruki Murakami, el cual se me hace admirable pero también cayendo un poco en lo enfermo, en lo realista.....pero eso me fascina. 

Disfrútenlo....




jueves, 18 de septiembre de 2014

Ellos te miran....



(Neblina, bosque....cámara celular)

Javier Lux -Luz y Caos-

Abril bailando.......


ABRIL BAILANDO

Abril era una chica estupenda. La conocí a mediados del caluroso verano al igual que conocí a su fascinante cuerpo. La arena quemaba pero no importaba al ver aquellos cuerpos femeninos sudar. Si hubiera podido, habría contado gota a gota de sudor que se resbalaba por sus cuerpos. Las espaldas se bronceaban y los pechos, a pesar de pequeños, brincaban como una pelota de ping-pong. Excepto las de Abril. Ella era una chica tranquila, únicamente se encontraba sentada en el tapete de playa, bajo la sombra de la sombrilla, cubriéndose constantemente de bloqueador a pesar de que el sol no la tocaba. Y estaba de acuerdo; ni Ra ni Helios ni Amateratsu o cualquier dios solar, tendría que tocar aquel cuerpo blanco, casi pálido, pero ese era parte de su atractivo. Su cabellera larga castaña cubrían los listones que sujetaban su bikini y por ende, a sus considerables pechos, aunque por suerte, aún se lograba mirar su cintura pequeña y muy bien definida; al imaginarme que ahí pudiera estar un tatuaje, de mariposa tal vez, provocaba mis pequeñas excitaciones.

Tuve suerte de encontrarla en la cafetería del Hotel antes de ir a mi habitación. Su formidable trasero era perfecto para sus carnosas y anchas piernas. No dudaba que hiciera ejercicio, pero al ver sus rasgos un poco débiles, creería que nunca hubiera corrido en el parque ni en un gimnasio. Me acerqué a ella y la saludé, Abril me contestó con una sonrisa tan perfecta de mueca a mueca. Mientras nos sentábamos con nuestros respectivos cafés, me imaginé una noche fría pero con una luna menguante brillante, como si esta al igual me saludara con su luz plateada. Al parecer Abril me conocía muy bien, había escuchado de mí por parte de sus amigas. Ella no se limitó de hablar, mi papel en esa noche fue mayormente de oyente. Nunca pensé que hablara bastante, sin embargo, no me aburrió en lo absoluto. Hacía muecas, ademanes, y sonreía cada vez que hacía eso. Lo más encantador de ella era cuando acomodaba sus lentes que se le resbalan por su respingada y pequeña nariz. Cuando me hablaba no podía dejar de mirar sus ojos; aquellos lentes de armazón negro al parecer hacían resaltar sus ojos cafés claros, y sabía porque motivo: No le gustaba que miraran sus apenas visibles pecas. Cuando me percate de esto, no pude (esta vez yo) de sonreír con malicia y con deseo. Al observarla detalladamente, imaginaba que era una chica inocente y quizás pura pero mi madre me había ensañado que ninguna mujer después de la universidad era tal cosa. “No hay mujer pura ni santa. Todas son el diablo cuando quieren” me decía. Yo le creía pero al ver a Abril, hacía que los ángeles existieran.
Nos despedimos y nos deseamos buenas noches. Yo llegué corriendo a mi habitación. No podía soportarlo más.

Me encantaba el olor a la cera derretida fresca. Después de un baño apresurado, salí con sólo las pantuflas. Sin secarme el pelo ni ponerme una toalla siquiera, me lancé al centro de la cama, donde era el único lugar donde podían iluminar las pequeñas velas. La pequeña brisa que entraba de la minúscula ranura de la ventana era ideal para no apagar las velas y para sentir pequeños cortes en mi desnudo y empapado cuerpo.

Pensé en Abril. Imaginé a Abril bailando en una oscuridad llena de luces de neón parpadeantes. Vestida con unos vaqueros exageradamente ajustados que resaltaban aún más su trasero. Con una camisa de cuadros color anaranjado y de acompañamiento, con  una cola de caballo en su cabellera. La imaginaba danzando de alguna manera a la par con la música de las estrepitosas bocinas y yo, siguiéndole la calentura de sus pasos y de sus movimientos rápidos. Sostenía con mis manos su cintura que poco a poco bajaban más. Nos acercábamos al punto de tocar nuestros pechos y mirar los brillosos que se encontraban nuestros cuellos. Sentía su respiración, olía su aliento de alcohol y de profundidad. Imaginaba mis roces de las yemas de mis dedos desabrochándole botón a botón de su camisa. Imaginaba el latir de nuestros corazones al dejar la pista de baile y meternos en el milagroso baño extendido. Nos quitábamos torpemente las camisas y yo sin cuidado, le empezaba a masajear sus pechos blancos y perfectamente redondos. Besaba cada parte, cada organismo de piel que rodeaba y cubría esos pechos pálidos. Y al final, como si un astronauta pudiera tener un helado de chocolate en la luna, chupaba sus ambos pezones; primero con mis labios y después con la punta de mi lengua. Apasionado pero tranquilamente. Imaginaba sus lentos gemidos express. Erectos sus pezones como si fueran antenas que enviaban señales a mi pene para que se pusiera erecto, este contestaba la señal. Bajaba rápido al ombligo de Abril para besarlo un poco y después dirigirme a sus pequeños labios ya mordidos por sus derechos dientes. La besaba, nuestras lenguas se tocaban y bailaban como nosotros en la pista. De reojo, la saliva salía como un hilo verde por las luces de los leds. Abril se agachaba. Yo imaginaba agarrándola de la cola de caballo y dirigiéndola hacia mi pene. Primero lo acariciaba, desde los testículos hasta la glande, tocando la punta de mi pene, como si mandara mensajes por un telégrafo. Después con su pequeña lengua lamería la parte baja de mi pene erecto y lleno de sangre. Imaginaba las pulsaciones de mi pene, la humedad de su boca y la viscosidad de su saliva que cubría todo por su lengua roja. Sus uñas y sus manos acariciaban mi abdomen y después mi trasero. Yo solo miraba abajo y sostenía más fuerte su cola de caballo;  miraría su espalda descubierta con un poco de lunares debajo de su cuello y miraría de reojo los danzantes pechos al ritmo de la entrada y salida apasionadamente de su boca a mi pene. Y después de un rato, de mirar sus lentes algo empañados; alejaría un poco su rostro con sus pómulos de su cara enrojecidos y apuntaría mi pene, como un cañón listo para abrir fuego, a sus ojos. Imaginándome eyaculándole en su rostro, me rompía. No me interesaba llenarle de semen su boca, su cabellera o sus pechos. Mi semen como proyectil cubriría sus lentes, sus gafas. El deseo de sentir que Abril viera por el resto de su vida una visión llena de semen, me excitaba, llegaba al orgasmo.
Las velas habían consumido su mitad de cera. La cama que ahora solo eran sabanas, estaban cálidas y llenas de sudor y agua. Mi respiración estaba algo agitada y las comisuras de mi boca se encontraban algo resecos. Miraba el negro que opacaba la noche a través de mi ventana y la brisa seguía rosando cada parte de mi cuerpo; mis brazos, mi frente, mis piernas, mis pechos con sus pezones erectos y mi vagina húmeda por la excitación, por aquel jugoso orgasmo.
Empezando la preparatoria, siempre quise tener un pene. Y no, no porque quisiera ser un hombre o por otro complejo, sino por el simple hecho de tener uno y más por el enfoque de hacer el amor. Todas las mujeres siempre pensamos alguna vez que sería tener un pene, sin embargo en mi caso, yo quería sentir como sería tener uno erecto casi listo para soltar el salado líquido. Había comprado un dildo, y había compartido uno con una amiga al mismo tiempo, pero ninguna vez sentí nada de excitación o calentura. Era bisexual, sin embargo, me volvían locas las mujeres. Sentía más compasión y comprendía mucho mejor sus deseos, y más que nada, al imaginarme penetrando a cualquier chica con algo de mí mismo cuerpo, como su fuera otro brazo u otra nariz, siento yo, que es más conexión y placer que  siente un hombre que una mujer.

Con Abril, con aquella Abril bailando había sentido el mejor orgasmo de mi vida. Mis pequeños y flacos dedos no eran lo suficiente para complacerme a mí misma, o por lo menos nunca al principio. Todo empezaba con mi cabeza, con mi mente, con mi imaginación. Imaginándome con un pene “femenino” siendo acariciado y después lamido, era más que suficiente para llevarme lejos. Con el simple hecho de soltar semen en el rostro de chicas jóvenes y más que nada, pareciendo puras e inocentes  viéndome con anteojos, era lo mejor que yo pudiera imaginar. Sentía que mi masturbación empezaba primero acariciándome los pechos, mordiendo mis dedos y mis uñas y después como si en verdad tuviera uno, empezaba a jalar el prepucio de mi pene imaginario, y después como cualquier chica, ya llegando al punto, mi dedos se metían a mi vagina húmeda y mojada. Rodeando por complejo mis labios mayores y menores.


Así era con cualquier chica, así fue con Abril. Mi imaginación era lo mejor que tenía para imaginarme situaciones para mi deleitante y placentera masturbación. Hasta hoy en día, la chica literaria Abril la sigo observando, y mi deseo de violarla algún día y mejor en su graduación, aún con este normal cuerpo femenino, es fuerte y lascivo. No sé, Abril es una chica especial, quizás, hasta rara.  

Javier Lux -Luz y Caos-

Interesantes hechos acerca del Viaje de Chihiro

Proveniente de la página en inglés 9gag, nos proporciona información no nueva pero si desapercibida de la obra maestra de Hayao Miyazaki. 
Es obvio, ya que algunos y sí, en su mayoría, desconocemos tanto la cultura como el mismo idioma japones(a). Sin embargo, creo yo, que esto sinceramente sólo era para los propios nipones. Detalles que a pesar de ser en cierta manera minúsculos, son sumamente importantes aún para los mismos hijos del sol naciente. Raíces son raíces que nosotros podremos ser parte de la misma tierra pero no de la misma hierba. 

http://9gag.com/gag/aRgKKq7?ref=fb.s




Aquí también les dejo un vídeo, un análisis impresionante de la película. Todo tiene un significado, absolutamente todo. Espero que lo disfruten.


Los gatos en las ventanas.






Algunos gatos les gusta mirar a la gente pasear. Ver como caminan en el pavimento o en la acera agrietada. Descifrar porque los más pequeños van agarrados de las manos de los más grandes. Les interesan saber porque se detienen cada vez que ven algo grande en una ventana, algo escrito en algunas lonas. Quieren saber por qué ríen sin necesidad algunas.
Mientras que otros gatos, únicamente les encanta dormir. Sentir el calor que desprende el vidrio y de la tela de las cortinas de las ventanas. Así es la manera en cómo logran soñar. Soñar en lo imposible, como cuando sus colas se mueven como péndulo cuando están felices. Eso si es para morirse. Ayuda también las voces de las personas y los pasos que suenan de su calzado. Eso, arrulla a los gatos.