Temas-Competencias Digitales
lunes, 20 de octubre de 2014
Entrevista a John Connolly sobre el mal
La
tensión en manos de John Connolly (Dublín, 1968) es un arte, el arte de
obligarte a seguir pese a la inquietud pero sin llegar a asfixiarte. En su
última novela, La ira de los ángeles (Tusquets), nueva entrega de la saga
policiaca protagonizada por Charlie Parker, el manejo de nuestras emociones es
brutal.
Crea
el autor de Malvados y la serie de novelas policiacas protagonizadas por Parker
imágenes que hacen que nos giremos en el pasillo por si acaso esa extraña mujer
del bosque de La ira de los ángeles está detrás de nosotros. Novela negra llena
de elementos sobrenaturales que hoy ya no suscitan críticas por parte de los
defensores del género en su estado más puro. Esa pureza es hace ya tiempo
mestizaje.
¿Pasa usted miedo cuando escribe? Porque
hay escenas...
No me asusto con casi nada. Parte de lo que me divierte es
asustar al lector. Sin llevarlos al horror extremo. Lo que a veces sí me pasa
es que me sorprenden mis propios personajes. Y ocasionalmente sí es verdad que
me cuesta narrar algunas cosas.
¿Por ejemplo?
En mis obras sale bastante el cáncer. Y eso me cuesta. Sé
que es porque mi padre murió de cáncer y siento miedo de que el cuerpo se alíe contra
sí mismo, que es lo que pasa cuando tienes cáncer. Otra cosa que me marcó y me influye es algo
que me pasó de niño.
¿No me irá a decir que lo abandonaron?
No, pero sentí eso. De pequeño llegué a mi casa y mi casa
no estaba. Tenía cinco años y me senté en el bordillo angustiado: mi casa no
estaba. Una vecina me vio y vino, y me dijo: pero si es tu casa, lo que pasa es
que la han pintado. Era de otro color y por eso no la reconocía. Aquella
sensación de miedo a que me hubieran abandonado está en mis libros.
Dicen que todos los miedos se crean en la
infancia...
Sí. Y cada adulto tiene el niño que fue y que sigue
esperando al adulto en que se va a convertir. Vuelvo a la infancia y a la
adolescencia por ello. Un niño que ha sido infeliz suele ser un adulto infeliz.
¿Suele o es imposible cambiarlo?
Bueno, la verdad es que no conozco a tantos adultos
contentos. Conformarse está bien cuando vas siendo mayor porque te enfadas menos,
pero los jóvenes no deben contentarse porque si lo hacen no lograrán nada.
¿Por eso empezó usted a escribir?, ¿porque
no se contentaba siendo periodista?
Sí, no me gustaba el periodismo. Hay gente hecha para ello
y luego hay otra que se mete en el periodismo para poder escribir. Yo era de
ésos.
Y al final si eres de estos últimos acaba
siendo frustrante...
Me frustré. Mi primer libro salió de esa frustración. Nunca
habría escrito un libro si me hubiera contentado con mi trabajo como
periodista.
¿Sería entonces hoy periodista?
Creo que sí, y además es más interesante que ser contable.
Pero si te acostumbras a escribir siempre 500 o mil palabras año tras año al
final es difícil poder escribir una novela.
¿Puede leer sus libros una vez se han
publicado?
Imposible, porque sólo veo errores. Lo que me gusta es cuando ya tengo el primer
borrador, escribo sin planificar, y entonces empiezo a reescribir. No hay
escritores maravillosos, hay muy buenos reescritores.
Sólo ve errores, pero es que ¿alguna obra
de arte no los tiene?
Todo arte tiene una imperfección. Si escribieras el libro
perfecto, ¿volverías a escribir? Yo creo en eso de: falla otra vez y falla
mejor. Y eso es lo que hacemos todos: fracasar mejor. Conoces los errores que
cometes y esos ya no los repites, cometes otros, pero no los mismos.
¿Una venganza de la vida en la que
repetimos tanto los errores?
Sí, la definición de la locura es hacer cada vez lo mismo
esperando un resultado distinto.
Usted que tanto ha escrito sobre el mal,
¿ha conseguido saber cuál es su verdadera naturaleza?
Todos tenemos un yo secreto lleno de vergüenza, culpa,
remordimientos, dolor y cosas oscuras. La mayoría de la gente no es mala, pero
es egoísta y del egoísmo nace el mal.
¿Y de la envidia?
No, del egoísmo. Pero el mal tiene una gradación: se van
dando muchos pequeños y de repente te encuentas en una situación terrible. A
los neurocientíficos les interesan los prisioneros de crímenes violentos y
horribles, y han comprobado que sus cerebros están conectados de manera
distinta. Lo que preguntan los libros sobre estos actos horribles,
inexplicables, es si hay algo fuera que los provoca. ¿Hay un ser del mal que lo
genera y mueve?
Fuente originaria: http://www.20minutos.es/noticia/2163580/0/entrevista/john-connolly/la-ira-de-los-angeles/
martes, 7 de octubre de 2014
Nobel de Física por bombillas de LED.
Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura
reciben este año el máximo galardón mundial de física, el Premio Nobel, por un
trabajo que disparó una revolución en la tecnología de la luz: la “invención de
los diodos emisores de luz azul eficientes que han permitido las fuentes de luz
brillantes y de ahorro energético”, según ha destacado el comité de la Real
Academia sueca de ciencias. En otras palabras, Akasaki y sus colegas abrieron
la puerta a las bombillas LED de luz blanca y larga duración. “Con las bombillas
LED tenemos ahora alternativas más duraderas y más eficientes a las viejas
fuentes de luz”, destaca la academia sueca.
Akasaki, Amano (ambos de la Universidad de Nagoya, en
Japón) y Nakamura (en la Universidad de California en Santa Cruz) lograron crear haces
de luz azul con semiconductores a principios de los años noventa. Los diodos
rojos y verdes existían desde hacía tiempo, pero hacía falta el tercer color,
el azul, para lograr esa suma de los tres que produce el blanco, ha explicado Staefan
Normark, secretario permanente de la Academia Sueca al anunciar en Estocolmo, a
las 11.45 de la mañana, el Premio Nobel de Física 2014. Pese a los esfuerzos de
la industria y de los científicos, el LED azul se había resistido durante 30
años.
Los tres investigadores premiados triunfaron
donde todos habían fracasado hasta entonces. “Akasaki trabajaba con Amano en la
Universidad de Nagoya y Nakamura estaba entonces empleado en Nichia Chemicals,
una pequeña empresa de Tokushima, Nichia”, continúa la Real Academia Sueca de
Ciencias. “Su invento fue revolucionario. Las bombillas de luz incandescente
iluminaron el siglo XX; el siglo XXI será el de las bombillas LED”.
"Siempre le recomiendo a los jóvenes
científicos que no centren sus trabajos en lo que está de moda, que investiguen
sobre lo que creen, aunque no consigan resultados inmediatos", explicó
Akasaki durante una rueda de prensa en Nagoya minutos después de producirse el
anuncio del premio que describió como “el mayor de los honores”, informa Europa
Press.
Los 880.000 euros de dotación del Nobel se
distribuyen a partes iguales entre los tres galardonados. Akasaki y Amano,
ambos japoneses, nacieron en 1929 y 1960, respectivamente. Nakamura, 1954,
tiene nacionalidad estadounidense.
Las luces LED, recalcan los científicos de la
academia sueca, dado su bajísimo consumo, pueden funcionar alimentadas por
paneles solares baratos, lo que abre la posibilidad de una mejora de la calidad
de vida para 1.500 millones de personas en el mundo que no tienen acceso a la
red eléctrica. Este año, el galardón de Física se ajusta fielmente, al menos en
parte, al legado de Alfred Nobel, que establece que se dediquen los fondos a
“premios para aquellos que, durante el año precedente, hayan generado un gran
beneficio para la humanidad”. Lo del “año precedente” no se cumple casi nunca.
Página: http://elpais.com/elpais/2014/10/07/ciencia/1412676307_341462.html
sábado, 4 de octubre de 2014
Los desertores de Corea del Norte.
Escapar
de Corea del Norte es una odisea que requiere dinero, paciencia y suerte.
Impensable cruzar directamente a Corea del Sur. La línea que divide la
península coreana en dos —la denominada Zona Desmilitarizada— es la última
frontera de la Guerra Fría, la más vigilada del mundo. Los desertores solo
pueden huir a China y confiar en no ser descubiertos por las autoridades. Si el
destino final es Corea del Sur, es imprescindible dar un inmenso rodeo por
Tailandia o Mongolia, países que facilitan el salto. En el aeropuerto de Seúl
empieza el segundo capítulo de una odisea que equivale a viajar en el tiempo:
pasar de un Estado
totalitario anclado en los cincuenta con una renta per cápita
de 800 dólares (640 euros) a unapotencia
mundial de la electrónica y la innovación, donde la renta per
cápita supera los 26.000 dólares (20.800 euros).
La
primera parada en territorio surcoreano para los refugiados es un centro de los
servicios de inteligencia. Allí son interrogados durante semanas hasta
asegurarse de que no son espías. Los desertores ingresan entonces en Hanawon,
un centro gubernamental donde durante 12 semanas los preparan para adaptarse a
su nueva vida. Y eso implica un aprendizaje de lo más diverso. Incluye clases de
oficios como cocinera, costurera, secretaria, florista, camarero, mecánico de
coches o soldador; aprender a usar un ordenador, una tarjeta de crédito (en
Seúl cada vez es más raro pagar en efectivo), descubrir el vocabulario que los
coreanos del Sur han incorporado desde la partición de la península o sacarse
el carné de conducir.
La
adaptación requiere otros conocimientos que implican una reeducación en toda
regla. Resetearse. Borrar lo aprendido desde la niñez. Incluye estudiar
historia —un relato que nada tiene que ver con la propaganda
que los refugiados mamaron desde la infancia, que culpa a
Estados Unidos y a “los títeres de Corea del Sur” de todos sus males—, aprender
cómo funcionan una democracia liberal y la economía de mercado, qué implican
las leyes o en qué consisten los derechos humanos. Entre clase y clase, los
visitan dentistas y médicos.
Miles
de desertores han hecho este curso acelerado para adaptarse al siglo XXI.
Aunque el Estado les da vivienda, ayuda laboral y económica durante cinco años,
integrarse es un desafío descomunal. Desde 1999 hasta la semana pasada habían
llegado a Corea del Sur 27.132 desertores (el 76% mujeres, el 84% de tres
provincias del noreste fronterizas con China). La surcoreana es una sociedad de
50 millones de habitantes (el doble que su vecino norteño) que en seis décadas
ha prosperado de manera inimaginable. Pero el desarrollo económico ha
conllevado una cultura de competencia feroz en la que los niños van a clases
particulares hasta casi medianoche, y en la que difícilmente hay espacio para
quien creció en una dictadura donde empleo, vivienda y los alimentos básicos
están garantizados (en teoría).
Pero
la mayoría de los desertores no huye del represivo sistema basado en el control
de la información y los castigos colectivos. Son amas de casa y campesinos que
cruzan a China escapando de la miseria. Muchos ni se planteaban desertar,
cruzaban a China para hacer dinero —la corrupción ha abierto fisuras en la
frontera— pero una cosa les llevó a otra, y un día aterrizaron en Seúl.
Los
desertores norcoreanos son una fuente clave para reconstruir las
atrocidades perpetradas por el régimen. “Las primeras preguntas
son del tipo ‘¿Has visto alguna producción visual hecha fuera del país?,
¿Conoces a alguien que fuese enviado a un campo de prisioneros?, ¿A alguien que
haya desaparecido de repente?, ¿Conoces el concepto de derechos humanos?”,
detalla la investigadora Jeanne Kim. Con los testimonios, ella y sus colegas
construyen la base de datos del Centro para los Derechos Humanos en Corea del Norte. Sus
informes son un relato de los peores espantos, ocurridos a menudo años antes de
la huida.
Intentar
huir al sur o ayudar a otros a hacerlo está duramente castigado. El sargento
Kim Hyul-chun, de 23 años, fue fusilado por aceptar un soborno de ocho mujeres
que pretendían cruzar a China. Lo ataron a un poste en el patio de un cuartel
de la ciudad norteña de Dokso-ri. Era el 9 de febrero de 2009. “Ya estaba medio
muerto cuando lo subieron al patíbulo”, explicó a la ONG un testigo que pidió
el anonimato por seguridad personal. “Había diez soldados, cada uno le disparó
diez balas. Dijeron que había que fusilarlo ante los soldados para que sirviera
de ejemplo”, relató en 2012.
Articulo original: http://internacional.elpais.com/internacional/2014/10/03/actualidad/1412364802_055652.html
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